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Absolutzine

Felt
Lunes, 7 de Mayo, 2007 Natxo Sobrado

No es un grupo de mayorías, tampoco es un grupo de minorías amasadas, pero siempre uno de sus discos se cuela entre los mejores a escuchar, discos raros, o recomendaciones del músico de turno. 1979 sería la fecha de inicio, donde se apuntaban las primeras maneras; el clima era el estallido del post-punk, todos querían sonar oscuros, todos querían ser más cerrados que el anterior; por el contrario Felt quiso sonar limpio en el sonido, ya que algunas letras serían indescifrables, demostrando que lo suyo no iba a seguir patrones estandarizados.

La figura clave iba a ser, una vez más, un artista maldito, posiblemente un visionario con un ego desarrollado más allá de sí mismo, y sobre todo, con una idea de canción digna de elogiar. Lawrence Hayward era el único componente de Felt como a veces declaró, su proyecto personal, nadie quería (y a la vez odiaba) más al grupo que él. Su pasión proviene de otro maestro, asombrado por Tom Verlaine y sus Television, quería imitar su sonido, esa No Wave neoyorkina que pasaría a desembocar en los ochenta en la New Wave a nivel mundial. Porque si se escucha el primer disco, Crumbling The Antiseptic Beauty (1981), no vemos casi ningún elemento de post-punk, sólo el bajo y la batería oscureciendo la escena. La voz es clara, si bien en segundo plano muchas veces. Se ve más la evolución a esa New Wave que desarrollará en los posteriores trabajos.

Anteriormente Hayward había demostrado su talento grabando en su habitación Index (1979), donde sí se ve ese sonido crudo y primitivo. Pero el grupo no era sólo suyo aunque así lo creyese, una parte esencial era aportada por Maurice Deebank, la guitarra de este recibió todos los elogios de la crítica, su forma de tocar era moderna pero de corte clásico, dicha dicotomía la hacía tan especial. Además de Deebank a la batería se sentaba Tony Race, quien será echado –según rumores– por Hayward debido a su corte de pelo siendo sustituido por Gary Ainge, y en el bajo Nick Gilbert, también sustituido después por Mick Lloyd.

Con Cherry Reds sacaron la mayoría de su catálogo, desde Birmingham consiguieron hacerse oír entre unos pocos. Dos largos más a partir del primero marcarían la etapa inicial. Quizás los tres discos seguidos mejores de la época, sin fallos. Si ya el inaugural daba vistas a lo grande que iba a ser el grupo, el segundo, The Splendour Of Fear (1984), sólo con la instrumental que abre es para detenerse y escuchar boquiabierto. Pero es que las siguientes son para seguir alucinando de lo que se oye. Es como si Lou Reed cantase acompañado de Richard Lloyd y Verlaine a la guitarra. Mientras Hayward tenía claro que quería componer piezas de treinta minutos y no se salía de esta pauta.

La influencia de la No Wave también se podría apreciar incluso en las carátulas, la segunda tomada de Chelsea Girls (Andy Warhol y Paul Morrissey) y la tercera con un parecido razonable a Talking Heads: 77. Con este tercer lanzamiento seguían la estela de grupos como New Order en ese sonido tan característico de unos pocos. Entra a la formación Martin Duffy –posteriormente pasará a Primal Scream– a los teclados viéndose más desarrollada esta parte en los posteriores trabajos.

Empieza otra etapa, el pop es más claro que anteriormente. Robin Guthrie (Cocteau Twins) se encargará de producir Ignite The Seven Cannons (1985) acercándoles a su sonido barroco. También participa en a los coros en “Primitive Painters” Luiz Fraser (la otra parte de Cocteau); aunque lo malo de este periodo será el roce dentro del grupo, Deebank no ve con buenos ojos el cambio de ritmo y decide irse para continuar en solitario.

El grupo va creciendo y el apoyo que le ha dado Guthrie les ha servido para que aumente sus seguidores concierto tras concierto, además de las ventas. En 1986 firmarán el primer trabajo para Creation Records, que estaba a punto de ser la discográfica independiente más importante del país. Let the Snakes Crinkle Their Heads to Death dará pie al sexto disco. Este trabajo será el tope, la cima que no se puede superar pese a que se quiera (no es el caso). Entre los mejores discos de la historia, Forever Breathes The Lonely Word muestra la faceta más limpia de Felt, el pop por el pop. Duffy y su Hammond sustituirá la dependencia que antes se tenía de la guitarra de Deebank, aunque sólo pensar si hubiese estado presente en esta grabación…Hayward volverá a la dinámica de los treinta minutos como tope. Elegancia en las ocho canciones que forman el conjunto, lo anterior parece haber servido como maduración a la hora de escuchar este disco.

Pero no contento con una obra de arte al año siguiente saca otra. Prolífico y perfecto, Hayward parece retar a cualquiera a que le igualase ante tal hazaña. Lo hizo al empezar con el grupo con tres trabajos nada menos y ahora lo repite mejorándose así mismo en un año con dos obras maestras. Poem of the river (1987) es el álbum que bebe de cualquier lado, desde un pop californiano a Television, son ambas escenas pasadas por su filtro, y sobre todo por el Hammond de Duffy.

Por desgracia, después de llegar arriba siempre se tiende a ver lo siguiente con guante de seda, a no dejar pasar una. Es cierto que Felt no siguió esta tendencia de seguir en el cum laude, pero no necesitaba más, ya había aportado lo necesario para pasar a la historia. Laurence Hayward después se cansó y con ello aumentó ese halo entorno a su figura. En el siguiente disco, The Pictorial Jackson Review, con el que se inicia la tercera etapa, se deriva a un ambiente instrumental. Con frases en el libreto como: “Recorded quickly”. El siguiente, Train Above the City (1988), Hayward remata añadiendo sólo los títulos a las canciones, no hizo más. Se dice que compraron un vibráfono y tenían que rentabilizar su coste, por lo que Duffy y Gary Ainge pasaron las sesiones en el estudio experimentando.

Y el genio al final tenía que cerrar como tal. No es casualidad que su última referencia volviese a ser en el sello que les dio la oportunidad de empezar –también ayudó que Creation no tenía más dinero y hasta 1990 no podía sacar el disco–, tampoco que cerrase el grupo tras diez años en activo… en Hayward nada parecía ser espontáneo. Volvió a brillar en su último aliento e incluso a querer reconciliarse con Deebank (“Free”). Porque los genios tienden a enemistarse pero al tiempo ven lo que pueden hacer si se unen y la habilidad de dos es figuras no es superada por nadie.

Felt quedó en la recámara de los grupos de culto, de los grupos que alegran un día tras escuchar sólo una canción, de los grupos que en una canción demuestran que el pop es una manera de hacer arte, de los grupos que demuestran lo valioso que es la música…

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